Don Giovanni de G.Gazzaniga

Teatro Lópe de Vega de Sevilla
27 y 29 de septiembre, 1 y 3 de octubre de 2007

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Agustín Prunell-Friend, Don Giovanni (tenor)

Alfredo García, Pasquariello (barítono)

María Espada, Donna Anna (soprano)

Lola Casariego,  Donna Ximena (soprano)

María Rodríguez, Donna Elvira (soprano)

Joan Martín Royo, Biagio (barítono)

Raquel Lojendio, Maturina (soprano)

Eduardo Santamaría, Don Ottavio (tenor)

Juan Antonio Sanabria, Lanterna (tenor)

Alfonso Echeverría, Il Comendatore (bajo)

 

REAL ORQUESTA SINFÓNICA DE SEVILLA

Pablo González, director

Guillermo Heras, director de escena

Figurines: Ana Rodrigo

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En la prensa

El mejor, el Pasquariello de Alfredo García, Leporello de una pieza, por nervio, por doblez y por astucia y, al fin aquí, una voz recia.

Don Giovanni de Giusepe Gazzaniga (1743-1818)

Juan María Rodríguez, El Mundo

Aria del catálogo de Don Giovanni de Gazzaniga

En la prensa

Las mejores voces fueron sin duda las de García, gran actor y voz imponente…

Don Giovanni de Giusepe Gazzaniga (1743-1818)

Juan María Rodríguez, Diario de Sevilla

Una introducción a Don Giovanni de Gazzaniga

Giuseppe_Gazzaniga

Giuseppe Gazzaniga

Giuseppe Gazzaniga nace el 5 de octubre de 1743 en Verona y muere el 1 de febrero de 1818 en Crema.

De los pocos detalles biográficos que se conocen de este compositor, cabe destacar que entre 1761 y 1770 fue alumno de Nicola Porpora en Venecia y más tarde en Nápoles, donde también fue discípulo del celebrado compositor Niccolo Piccinni, antítesis de Gluck.

Gazzaniga estrenó su primera opera en Nápoles en 1768. En aquel año escribió la primera de sus 18 óperas para Venecia, donde viviría hasta 1791. También allí le nombraron maestro di capella de la Catedral de Crema, y hasta su muerte en 1818 compuso principalmente música eclesiástica.

Gazzaniga escribió más de 44 óperas entre 1768 y 1807, entre ellas un `dramma giocoso` Don Giovanni o sia Il convitato di pietra en un acto, que se estrenó por primera vez en el Teatro Giustiniani di San Moisè de Venecia, el 5 de febrero de 1787, en torno a ocho meses antes que el Don Giovanni de Mozart. Don Giovanni constituyó el éxito más importante de Giuseppe Gazzaniga.

Giovanni Bertati, fue uno de los libretistas más prolíficos y celebrados de su tiempo. Nació en 1735, y hasta 1791 vivió principalmente en Venecia, donde escribía obras para teatro, especialmente para el Teatro Giustiniani di San Moisè. En 1791 sucedió a da Ponte como autor de la corte en Viena, y allí, junto a Domenico Cimarosa, obtuvo el mayor de sus éxitos en 1792 con Il matrimonio segreto. Más tarde, Bertati regresó a Venecia, donde murió en 1815.

En Don Giovanni el libreto de Bertati sigue el esquema básico de la acción que desarrolla Tirso de Molina, pero mucho más conciso. Por ejemplo, Donna Anna hace su aparición sólo al principio de la acción –en la primera representación, la cantante salía rápidamente del escenario para enfundarse el traje de la campesina Maturina- y el papel del prometido de ésta, a quien Bertati llamó Biagio, quedaba limitado en longitud y en importancia por el hecho de que el cantante tenía que convertirse en el Comendador. Sin embargo, nada esencial se echa en falta, al menos en lo que respecta a los acontecimientos: en la oscuridad de la noche, los intentos de Don Giovanni de acercarse a Donna Anna se ven frustrados por el padre de ella, y el Comendador muere en un duelo. Donna Anna y su prometido, el Duque Ottavio, juran venganza, y Anna se recluye en un convento hasta que la venganza llega. En su búsqueda de otras aventuras, Don Giovanni coincide con una amante rechazada, Donna Elvira, a quien deja con su criado, Pasquariello, para que se burle de ella mostrando a la dama escandalizada un catálogo de sus conquistas amorosas. Entre tanto Don Giovanni jura fidelidad a otra mujer, Donna Ximena, para, a continuación volver sobre la novia, Maturina tras haber espantado a su prometido, Biagio, con golpes y amenazas. Cuando Elvira interviene, Don Giovanni, acaba enamorando a ambas mujeres. El dueto entre ambas mujeres, cada una convencida de ser la única amada, es uno de los momentos álgidos de la obra. La siguiente escena tiene lugar en el mausoleo del Comendador, cuya estatua cobra vida y acepta la insolente invitación a cenar. Don Giovanni no permite la entrada a Donna Elvira, que le suplica que cambie su modo de vida, para distraerle de los placeres de la mesa. Canta con Pasquariello alabando los placeres de la vida y las bellezas venecianas. La estatua del Comendador pone fin a las impúdicas actividades de Don Giovanni y le arrastra al infierno. Pasquariello y el cocinero Lanterna relatan la destrucción de Don Giovanni al Duque Ottavio y a Elvira, Ximena y Maturina: todos unidos en una canción final.

Es interesante que el libreto de Bertati, además de la brillantez en la construcción, es un precedente en ofrecer un entendimiento psicológico más profundo de los personajes. Lorenzo da Ponte, tomó el libreto de Bertati como modelo, y lo que le distingue de otros artesanos del libreto es la definición de los personajes de Don Giovanni, particularmente de los personajes femeninos -Anna, Elvira y Zerlina-, ofreciendo a Mozart por primera vez, la posibilidad de crear una de las más bellas obras del teatro musical, partiendo de personajes secundarios.

La música de Giuseppe Gazzaniga se clasifica hoy en el área de la ópera bufa. Gazzaniga es un maestro en su arte como ningún otro en el siglo XVIII; sabe construir escenas, caracterizar a los personajes, y alcanzar eficazmente el efecto musical. Son muchas las escenas que se pueden comparar al Don Juan de Mozart: paralelismos impactantes, como por ejemplo, en la introducción, el duelo con el Comendador, la boda de los campesinos o las escenas en el cementerio.

Gazzaniga consigue, como ya hemos dicho, dar rasgos propios a sus personajes. Don Giovanni, protagonizado por un tenor – al contrato que en la obra de Mozart que es un barítono – tiene que cantar una verdadera canción de amor. El segundo tenor, el Duque Octavio, está planteado de una manera muy diferente, y tanto éste como Donna Anna, son figuras secundarias. Los dos grandes roles para soprano – Donna Elvira y Maturina- están muy diferenciados; su dueto, así como el de Elvira con Pasquariello, dan testimonio de manera impresionante de la capacidad músico- dramática del compositor. El incremento de la tensión en la escena del cementerio – sobre todo en la escena final- es muy eficaz, más aún si consideramos que los medios de Gazzaniga solían ser escasos: dos oboes, dos trompas y una sección de cuerda, que le debían bastar para producir una imagen sonora de sorprendente versatilidad.

Se trata sin duda de la ópera del siglo XVIII más interesante sobre “Don Giovanni”, tras la de Mozart.

 A vueltas con el mito

Artículo de Guillermo Heras ante el estreno

Es curioso como aún existiendo cientos de ensayos sobre los llamados “mitos literarios”, todavía hoy nos seguimos preguntando el por qué de la vigencia de algunos de ellos por encima de otros que, quizás según los cánones tradicionales de la sociedad políticamente correcta, serían mucho más trascendentes. Entre esos personajes que traspasan el tiempo y el espacio, vertidas en páginas literarias y escrituras escénicas, representaciones plásticas o investigación en nuevas tecnologías, emerge siempre la figura de Don Juan. Para algunos, un héroe, para otros un simple canalla. Cómo si ambas mitades no fueran complementarias en muchas personalidades de la HISTORIA REAL a través de los tiempos.

RETRATO

Guillermo Heras

No es fácil, pues, encarar una puesta en escena de una ópera, anterior a la también mítica composición que del tema realizó Mozart, que ha pasado a ser una de las cumbres del repertorio operístico, pero que años antes había tenido ya una partitura propia compuesta por un músico italiano llamado Giuseppe Gazzaniga (1743-1818).

Si comparamos ambos libretos nos daremos cuenta de cómo Da Ponte copia sin pudor la estructura y situaciones del libretista de Gazzaniga, Giovanni Bertati, algo, por otra parte, muy normal en aquella época. Sin embargo, la genialidad de Mozart en el campo específico de la composición musical, ha producido el efecto de opacar ciertas calidades líricas que, profundizando en la audición, contiene la partitura del músico veronés.

Esta puesta en escena de otro Don Juan está atravesada por dos miradas que no pretenden aportar ningún signo de pedantería, sino seguir reflexionando sobre esta obra imperecedera. Esas dos miradas actuales son, por una parte un homenaje al gran pintor Magritte y por otra a un pensador fundamental del siglo pasado, Jacques Lacan, el cual volvió al mito durante varios estudios realizados a lo largo de su vida. De entre todas sus reflexiones me quedo con una que escribe en torno al año 1962 y en la que dice: “Don Juan es un sueño femenino”. Esta frase abre tal cantidad de opciones que, personalmente me quedaría con la idea de si no habrá sido este personaje una especie de fabulación de ciertos sueños más cercanos al deseo que a la realidad.

Tal vez por la corriente dominante de apostar casi siempre por lo más seguro, no ha sido muy normal ver en los repertorios de los grandes coliseos operísticos este primitivo “Don Giovanni”. Por ello es de agradecer al Ayuntamiento de Sevilla y al teatro Lope de Vega, que se atrevan a producir este espectáculo, que, en suma, se convierte en el descubrimiento de un titulo olvidado para muchos espectadores españoles.

Siempre digo, cuando monto escénicamente una ópera, que mi guía primordial es primero servir a la música y luego a las necesidades técnicas de los cantantes. Por ello, y una vez más, me gustaría realizar un trabajo de puesta en escena sencillo y esencial, despojado y poético, en el que lo importante sea la expresividad de los cantantes, guiados por el director musical, en el que el fluir de la música se equilibre con la creación de unas imágenes que sirvan para potenciar la belleza que debe contener todo espectáculo operístico.

Entiendo que la “modernidad” de una puesta en escena operística no tiene que pasar necesariamente por las “ocurrencias rompedoras” de la dirección de escena, si bien me niego de igual forma a todo tipo de arqueologización museística del repertorio tradicional.

Una vez más me entrego a desarrollar un trabajo en equipo, en el que todos y cada uno de los elementos artísticos y técnicos tengan una importancia similar. Desde la escena con mis colaboradores habituales: Ana Rodrigo, Cristina Ward, Juanjo de la Fuente, Alfonso Diez, y esta vez ocupando el papel de co-director de la puesta, Ángel Ojea.

Por último señalar la importancia de la tarea de Pablo González, que como director musical, al frente de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) y el Coro del Teatro de la Maestranza, junto a un magnífico elenco de solistas, será la auténtica columna vertebral del espectáculo y, por tanto, creador de la magia necesaria para conseguir que la poética de la música se haga cuerpo y voz a través de la creación de los cantantes, unidos estos en un torbellino de imágenes escénicas que conviertan la ficción de una partitura en un espacio de placer para todos los sentidos.

Don Giovanni de Gazzaniga. Sinopsis

Don Giovanni trata de conquistar a Donna Anna. Mientras, su secretario Pasquariello espera en la calle. Ella termina por echar al galán de su casa; esperaba encontrar al Duca Ottavio esa misma noche. En el último instante llega Il Commendatore, padre de ella, y desafía a Don Giovanni, muriendo en el intento. El prometido de Donna Anna, el Duca Ottavio, jura vengarse.

En su búsqueda de nuevas mujeres, Don Giovanni se encuentra con una antigua conquista, Donna Elvira. Para zafarse de ella, la deja al cuidado de su secretario. Éste le descubre la verdad: es una más de una lista interminable, e internacional. Mientras tanto, Don Giovanni se entretiene seduciendo a Donna Ximena.

Llega un grupo de campesinos: Maturina y Biagio están a punto de casarse. Don Giovanni aprovechando otra oportunidad de conquista, despacha, humillado, a Biagio.

Cuando parece que Don Giovanni va a ser escarmentado por Donna Ximena, Donna Elvira y Maturina, al encontrarse las tres con él, logra huir dejando a Donna Elvira y Maturina peleándose por él.

Habiendo pasado tres meses de la muerte de Il Commendatore, el Duca Ottavio visita su tumba, seguido de Don Giovanni y Pasquariello. Allí, Don Giovanni, ante el estupor de Pasquariello, invita a cenar a la estatua del Il Commendatore. Inesperadamente, acepta.

Finalmente, y ya en la casa de Don Giovanni, llega Donna Elvira para pedirle encarecidamente, sin éxito, que cambie su comportamiento. A medida que avanza la noche, Don Giovanni y Pasquariello disfrutan juntos la buena comida y el buen vino, destacando los placeres de la vida y la belleza de Sevilla y de las mujeres sevillanas. Pero finalmente llega la estatua a la cita y se lleva a Don Giovanni, todavía sin arrepentirse, al infierno. Avisados por Lanterna, el extraño criado de Don Giovanni, llegan el Duca Ottavio y las mujeres. Pasquariello y Lanterna describen la caída de Don Giovanni y termina la ópera con gran júbilo.

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