No hay ningún sonido que nos persiga saliendo del estómago invisible de un ascensor porque aún no se han inventado, los raíles de todos los trenes del mundo duermen aún en las entrañas de donde un día serán llamados a la forja y el aire huele a ganado, cebollas y un estiércol que comparte el mismo espacio en donde los hombres se hermanan con las bestias
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